SOLILOQIOS DE UNA BEASTRUZ PERDIDA EN TERRANOVA

viernes, 13 de mayo de 2016

SOBREDOSIS

Aquel cuchitril al sur del extrarradio en el que vivíamos se había convertido en el cuarto de estar casi de cualquiera que necesitara un sitio seguro para meterse un chute sin peligro de morir en la calle solo y tirado como una colilla.
La droga en aquel tiempo como ahora era dueña y señora de aquellas miserables existencias.
Y en medio de aquel caos me encontraba yo, ingenua, enamorada y extrañamente " limpia".
Creo que todos sentían que era la única persona que los miraba con respeto, que los escuchaba y los comprendía sin ponerles previamente la etiqueta de viciosos,vagos o simplemente mala gente.
Me contaban sus penas, cómo los habían echado de casa o se habían ido para no "doler" a nadie.
Algo imposible.
Cómo prostituyéndose para procurarse el veneno, un desalmado se la había llevado en el coche y le había metido tal paliza que la había dejado en la cuneta pensando que estaba muerta...
O como un camello le había puesto una pistola en la mano para que repusiera su deuda " como fuera".
Yo era su oído, su única conexión con el mundo real, y me bebía aquellas historias como si fueran la mía propia, hasta que sobrepasada me retiraba de la sala y me iba a fregar o a la cama para no dejar de preguntarme sobre el objeto de tanto y tanto dolor.
Yo sabia que los que realmente manejaban aquel mercado, nunca acabarían en la cárcel. Porque los tentáculos de la droga se extendían mucho más allá de los simples círculos de poder. La policía estaba implicada, y los políticos también. Si no en el tráfico en el consumo. Cuando no eran las dos cosas a la vez. Todos lo sabíamos. Pero nadie nos hubiera creído... La droga era un vicio de gente marginal. La perfecta tapadera para esconder un negocio millonario.
Lo que veía y escuchaba y vivía a diario sólo eran daños colaterales. Simples almas a la deriva utilizadas como carne de cañón.
Empecé a escuchar una especie de ronquido extraño dentro de mi cuarto. Supuse que era Jon, que se habría quedado dormido con la borrachera, pero cuando miré hacia la calle y vi que su coche no estaba, algo me recorrió el estómago.
Corrí hacia la habitación y me la encontré allí, tirada en la cama con un pico metido cerca del tobillo y los ojos en blanco.
Tenía un espasmo y se estaba ahogando, pero estaba totalmente inconsciente.
Yo no sé ni cómo me dio por reaccionar... Estaba como helada. La intenté levantar mientras le daba tortas en la cara y la meneaba cogida por los hombros y le gritaba diciéndole que por favor no se muriera. No me hagas esto, hija de puta!...No reaccionaba y ya no sabia qué hacer. Abrí el litro de cerveza helada y se lo eché por la cabeza.
Reaccionó rápidamente se levantó de un brinco y con las rodillas medio dobladas y escurriéndose la cerveza de la melena, se dio media vuelta y me dijo: Tu puta madre, tía, no me jodas. Que ni un chute tranquila pueda gozar, manda cojones. La niñata esta...
Abrió la puerta y se fue.
Aquel mismo día hice mi maleta y desaparecí de allí sin despedirme.
Dejé mi vida en aquel cuartucho, y empecé otra nueva, prometiéndome a mi misma no olvidar nunca nada de lo aprendido.
Era un 5 de septiembre.
La segunda fecha de mi cumpleaños.