SOLILOQIOS DE UNA BEASTRUZ PERDIDA EN TERRANOVA

jueves, 27 de junio de 2013

MOMENTICOS...

Cuando era pequeña, la mayoría de los días me acostaba rezando para que al día siguiente amaneciera ya mayor... En realidad me sentía así, porque pensaba cosas que a los niños de mi edad, no se le pasaban por la cabeza ni de casualidad... (tenia en mi casa diez más añejos que yo de los que aprender).
Me aburría muchísimo, y cuando los mayores nos mandaban a la calle para hablar tranquilos de sus cosas, procuraba escaquearme y quedarme escondida en algún rincón para escuchar...
Las cosas de los mayores debían de ser muy interesantes, o al menos a mí me lo parecían...
Luego, en cualquier momento, soltaba lo que había escuchado, aunque no viniera al caso, y me caía bronca, o bofetón, dependiendo de la magnitud del "secreto de familia" desvelado...
Recuerdo también la impotencia que me producía aquel moderno modelo de enseñanza, que era lo más "in" en aquellos tiempos:-la letra con sangre entra- nos decían..
Hasta que me cayó la primera chapada por enredar con el zapato,(que ese día acabó en la basura), yo creía que para aprenderse mejor las cosas, el quiz de la cuestión estaba en hacerse un pinchazo con una aguja, y escribir con una pluma de paloma cagona utilizando la sangre a modo de tinta...
Me parece todavía estar viendo al pobre Alberto, el de la Pilar, gimoteando sin parar porque la señorita le pegaba cada vez que se paraba, cuando le tocaba leer "de corrido"...
Era tartamudo...
Y yo lloraba por dentro, y me juraba que si me la volvía a encontrar de mayor, le daría una leche que le cruzaría la cara.  Asi, sin mediar palabra...
No encajaba... y no encajaba porque era diferente... seguí con esa sensación mucho tiempo; la regla me vino casi a los quince, y el pecho todavía sigo esperando a que crezca,  aunque a estas alturas ya no me preocupa,  es más, agradezco no tener mucho que sostener...(bastante pesa ya la vida).
... Hasta que de pura casualidad, hice las pruebas para entrar en la escuela de teatro, y me encontré conmigo misma y con los demás... por fin mi rareza era algo de lo más normal...
A partir de ahí nunca volví  a sentirme rara... los raros eran los demás, los que eran todos iguales... y el complejo se transformó en el orgullo de descubrirme y descubrir que la riqueza reside precisamente en la variedad...
Crecí, y tuve hijos; no precisamente como mandan los cánones, pero si como requiere la madre naturaleza... con amor y con buen humor.
Un día, el hijo mayor, que entonces tendría cuatro años, vino hacia mí llorando desconsoladamente porque nos había estado escuchando hablar de alguna de las vicisitudes económicas que apremiaban en aquel momento ígual que en éste...
- estoy llorando porque tienes problemas- me dijo... y yo le contesté: ¿es que tú no tienes problemas?-
-si- dijo, pero mis problemas son pequeños, y los tuyos grandes...
- pues por eso los mayores tenemos el cerebro más grande- le contesté- para poder solucionar problemas más grandes...
Parece que la explicación le resultó satisfactoria, y logré calmar su desazón, que tanto me recordaba a la mía...
Pero al cabo de un tiempo, vino un día muy enfadado del colegio, porque algunos críos se metían con él, y le llamaban gigante...
- joooo, ¡¡¡¡¡¡yo quiero ser normal!!!!!!
Y fué como si se me encendiera una alarma.
- cariño -le dije-, quiero que te quede una cosa muy clara, así que escúchame: lo normal, es ser diferente. ¿No ves cómo el cielo nunca es igual? ¿ni el tiempo, ni los animales, ni nada?, ¿no ves como todo cambia continuamente? lo normal es ser diferente, no lo olvides...- y parece que conseguí volver a calmarlo...
Hoy tiene 18 años y yo 44... y aunque los dos sabemos la teoría, todavía se que hay veces que se siente como un bicho raro, igual que yo...
Y aún, a ratos, no alcanzo a ver dónde está exactamente la diferencia entre aquellos tiempos y éstos; porque vale, la letra ya no entra con sangre, pero en materia de evolución, la cosa parece que se quedó en algún compartimento estanco y desconocido...
Y me temo que es porque visto lo visto, y pase lo que pase, todo sigue igual... y a pesar de todo, yo sigo pensando que lo normal sería que todo fuera diferente... que todos fuésemos diferentes...
O quizás sólo sean rarezas de vieja... no sé...