SOLILOQIOS DE UNA BEASTRUZ PERDIDA EN TERRANOVA

jueves, 8 de mayo de 2014

AVATARES DEL DESTINO






Se me ocurrió ir al parque y sentarme en un banco a escuchar los pajaritos y mirar sólo hacia el suelo para que nada más me distrajese. Así lo hice, pero había una hormiga llevando un trocico de algo en sus espaldas, casi más grande que ella. La estuve observando. Iba, descargaba y volvía. Yo creo que no se planteaba si la carga pesaba mucho o poco, o si el trayecto era largo, o si cuántas veces sería necesario repetirlo. Simplemente lo hacía y punto. Sin dejarse afectar. Y de pronto aquel ser diminuto me pareció la releche (entera) mente. Y sin venir a cuento, en un segundo, apareció un pie que me pareció gigante y la aplastó sin contemplación. Sin ni siquiera darse cuenta... Alcé la vista airada, lo miré a los ojos, lo llamé asesino y me fuí. Su cara era un poema. Y mientras desandaba lo andado pensé en cuántas habría matado yo, incluso alguna dándome cuenta y todo (pero de pequeña) y me entró un mal rollo que te cagas. Desde entonces soy budistatis.