SOLILOQIOS DE UNA BEASTRUZ PERDIDA EN TERRANOVA

jueves, 27 de abril de 2017

A MI AMOR INCONDICIONAL

Recuerdo la primera sensación al entrar por la puerta y verte allí imponente, el pleno centro de la sala, iluminado por varios focos que se centraban en tí.
Sólo la idea de aproximarme y que me vieras con todo mi metro ochenta de complejos me hacía temblar las piernas y hasta el alma.
Pero quería hacerlo, sentí en mi corazón que lo tenía que hacer.
Así que decidí tomármelo como un juego, como cuando era pequeña y estaba con niños que no conocía y preguntaba: ¿se puede jugar?.
Tu aspecto serio me amedrentaba y me atraía como imán , pero a la vez conseguí olvidarme por momentos de todo, y convertirme como camaleona en todas aquellas mujeres que fuiste admirando a lo largo de tu azarosa vida.
Sin ser yo, todas vivían en mí.
Por primera vez en la vida me sentía libre, y a medida que me ibas ayudando a adentrarme en mí misma para averiguar quién era, mis miedos y complejos se fueron disipando como niebla matinal de primavera.
No sé quién se enamoró primero, pero llegó un momento en el que dejó de importarme el que dirán, nuestra gran diferencia de edad, y hasta que nos vieran juguetear en público.
A ti te daba igual, estabas acostumbrado a las críticas de todo tipo, y me decías que en esta vida lo más importante son los momentos mágicos y los cómicos. Porque esos son los que nos ayudan a sobrellevar las tragedias que vienen escritas en el libreto de la existencia de cada uno de nosotros.
No sé si fue amor a primera vista, o si ya te amaba incluso antes de conocerte.
Lo que sí sé, es que han pasado treinta años desde aquella primera vez, y aunque la vida y las circunstancias nos han separado durante muchas lunas, siempre volvemos a encontrarnos y a amarnos como si no hubiera pasado el tiempo. Como si nuestro tiempo fuese diferente al de todos.
Somos fieles mientras nos tenemos y cuando nuestros caminos se separan, los dos deseamos que el otro siga siendo querido, valorado y amado.
Sabemos que nuestros corazones estarán unidos para siempre, y eso nos hace volar libres y felices.
Nunca olvidaré aquella primera vez, que subida encima, toda tuya, dije:
Hola, me llamo Bea, y voy a hacer un fragmento de "cinco horas con Mario", de Vargas Llosa.
Ni siquiera sabía que el protagonista era un muerto en su ataúd...
Y respecto al autor, cosas normales de los nervios de mi primera vez...
Decirte que hoy, después de treinta años, te amo como el primer día, y te agradezco todo lo que me has enseñado, hecho reír, llorar, bailar, tocar, escuchar, sentir e investigar.
Por esa pasión tuya que supiste hacer nuestra.
Gracias porque cada vez que nos compartimos, me haces mejor persona.
Gracias por darme la posibilidad de meterme en la piel de los demás y así comprenderlo todo mejor.
Gracias, porque estoy segura de que tú nunca vas a fallarme, esté en el estado en que esté.
Mi querido escenario... Te amo.
Igual que a las tablas que componen la melodía de tu variopinta existencia, siempre llena de altibajos, siempre plena.
Nos vemos pronto...
Ya estoy contando los minutos que quedan para volver a jugar contigo.