SOLILOQIOS DE UNA BEASTRUZ PERDIDA EN TERRANOVA

jueves, 27 de abril de 2017

INCLEMENCIAS



La primera vez que vi el mar, tendría nueve o diez años.
En cuanto puse la vista en él, me eché a llorar.
Todos pensaban que era de la emoción, pero en realidad era porque todos mis hermanos y mis primos ya iban con el bañador puesto, mi madre no encontraba el mío, y pretendían que me bañase en bragas.
Pase que no me compraran bikini con parte de arriba, pero bañarme en paños menores, no estaba dentro de mis vergonzosos planes.
El apartamento era muy pequeño, cualquier mueble susceptible de convertirse en cama, se convertía.
Parecía el camarote de los hermanos Marx. Nueve mortales metidos en cincuenta metros cuadrados de camas.
Mi padre era un tipo guasón, que tenía una especial querencia con el arte de tirarse pedos en cualquier sitio y hora, daba igual quien estuviera delante. No tenía reparos en anunciarlos a bombo y platillo, para luego regodearse con las diferentes tonalidades, tempos, y texturas .
A veces hasta conservaba tarareando el tono en el que se lo había tirado hasta llegar al piano, y averiguar en qué nota concreta había ocurrido el " eviento".
Así que viendo las dimensiones del sitio donde íbamos a dormir todos, le aleccionados seriamente diciendo, rogándole casi, que se abstuviera de dejar escapar ninguna ventosidad, bajo amenaza de dormir solo en la terraza.
Y convino en que sí. Creo que incluso se atrevió a jurarlo.
... Después de las emociones del viaje, caímos todos rendidos y por fin se hizo el silencio.
Al cabo de unos cinco minutos, un horrible hedor invadió la pequeña estancia, y salimos todos a una de literas y jergones con la intención abyecta de matarlo directamente. Sin juicio sumarísimo ni nada.
Él abogaba por su inocencia encarecidamente, pero su súplica no hizo mella en nuestras más que rebeladas pituitarias. No era la primera vez, ni la segunda, ni la tercera...
Al final, y de mutuo acuerdo general, decidimos cumplir la anterior amenaza, y dejarlo a dormir fuera.
A la mañana siguiente, cuando alguien abrió la puerta, se encontró el diario en el suelo, con una poesía encima, tapando el titular, que rezaba lo siguiente:
ODA AL PEDO
Refulgían las estrellas
de la playa al horizonte,
y en el balcón, varias bellas
tocaban el guitarronte.
Noche feliz, suave seda,
viendo el mar en chicha calma
que relaja cuerpo y alma
antes del toque de queda.
El aroma de marina
llena las fosas nasales
oliendo a brisa y a mares,
y por dentro, a naftalina.
Y sin prisa, sigiloso,
como con miedo, indeciso,
me salió un pedo hermoso,
largo, precioso, preciso.
Como no entienden de arte,
protestan hijos y esposa.
Dicen que no toman parte
si es perfume u otra cosa.
Y hasta un vecino osado
y algún que otro yerno vil
lanzan su protesta, airados,
por un pedico entre mil.
- ¡ A dormir a la intemperie!,
fuera de casa, ¡ pedorro!
cúbrete bien con el gorro,
y...- y fuera acabé la serie.
Y fuera pasé la noche
con inclemencia infernal,
pensamientos(fuga),coche, y mi perdón general.
El titular en primera plana, hablaba de que esa misma noche, las tuberías de desagüe del hotel del camping habían reventado, haciendo que una nube de aroma nauseabundo se extendiera por todo el lugar.
Ese era mi padre: Pepe " el bienhecho" , como a él le gustaba autodenominarse.
Vaya para él este homenaje en el día de su cumpleaños.
Te quiero, papi.
Más allá, o donde estés.