SOLILOQIOS DE UNA BEASTRUZ PERDIDA EN TERRANOVA

miércoles, 27 de noviembre de 2013

INSPIREN...Y EXPIREN, PERO NO MUERAN EN EL INTENTO .



Hace varios días ya que el documento wordpad este me mira. Cada vez lo veo más pálido si cabe... no sé si porque está enfermo, o porque le estoy dando a una tecla que aclara la pantalla una barbaridad. Podía tener yo una tecla como esa en el cerebro. Bueno, mejor no. Que con lo oscuro que lo veo todo últimamente, veo claro que no quiero ver más claro lo oscuro. Por aquéllo de los contrastes...
Y me mira mi querido amigo word, con esa cara de kalimero que me pone para que le haga caso, y hace pucheros y todo...
Por no hablar de la barra de herramientas, toda eficiente ella, que me propone desde pintar un dibujo...  hasta insertar un objeto pasando por buscar, reemplazar y seleccionar todo.
No me sale nada... me gustaría estar en una cabañita de madera, con una chimenea encendida en mitad de algún monte perdido. Y dedicarme simplemente a respirar mientras observo hipnotizada esas caprichosas formas fugaces que hacen las llamas al crepitar... Oxígeno...
Respiramos frustración, respiramos engaño, respiramos injusticia social... respiramos indefensión. 
¿Y el oxígeno? estamos tan inmersos en medio de este caos existencial, que se nos olvida lo más importante. Inspirar y expirar.
No se puede vivir sin aire. Y ya nos lo están vendiendo demasiado caro. Porque que me expliquen a mí cómo se puede respirar a gusto si no sabes si este mes te cortarán la luz, o te aumentarán los impuestos sobre las cosas de primera necesidad, y si aunque tengas trabajo, vives con la incertidumbre de que igual mañana ya no lo tienes. O si a partir de los 45 nos dicen que no soñemos con volver a trabajar, escuché el otro día... Así no se puede respirar.
Llega un momento que en vez de abrir todos los poros de la piel y respirar lo más hondo posible para echar todos los malos espíritus a la vez que expiramos, lo único que consigue entrar a duras penas en nuestro cuerpo es un hilillo de aire que no sirve ni para oxigenar la sangre.
Y no entra porque tenemos nudos en la garganta, donde habitan el llanto ahogado, la soledad y la impotencia. A veces lo confundimos con el hambre, y tragamos sin medida... pero no desaparece. Sólo se va más adentro. Entonces probamos con otras cosas: alcohol, tabaco, los juegos de azar, quizás el sexo lo arregle... o quizás es mi pareja que no me llena... a lo mejor es cuestión de cambiar de pareja... 
Pero sigue sin pasarse... sólo se va diluyendo por nuestro organismo. A veces se almacena todo en un sitio y se convierte en tumor, otras fluye por el torrente sanguíneo envenenando todo por donde pasa.
Porque la impotencia, la pena y la rabia envenenan. A mí se me suelen acumular en el cerebro, pero no hay problema. Porque eso tiene nombre de enfermedad conocida (ansiedad, depresión, stres, síndrome ansioso depresivo y alguna más que se me olvida). Está todo previsto. Y digo que no hay problema, porque entonces entran en juego las drogas legales. Los del traje de mandar tienen todo muy bien pensado. Empiezan a estrangularte hasta el punto que casi no respiras, y cuando te revuelves pidiendo ayuda... te la dan. En forma de cápsula, pastilla o similar. Eso sí... muy bien disfrazadas de seguridad social, y si me aprietas, ciudadana... Vamos, que te dejan k.o. y fuera de circulación en cuestión de un santiamén. Una menos de la que preocuparse.
Descubrí un día por casualidad que la felicidad no es algo que haya que conseguir. No me miréis así. Ya nacemos felices... y sólo necesitamos calor humano (vulgarmente llamado amor), un cobijo acogedor y algo de alimento nutritivo. Y la manada, por supuesto. Somos seres sociales por naturaleza... 
Y no sé qué pensaréis, pero yo a día de hoy que tengo 44, sigo necesitando exactamente lo mismo... Así que no se trata de alcanzar la felicidad sino de conservarla...
Cuando nacemos, sólo nos tenemos a nosotros mismos para hacernos entender. Sin dientes y sin haber desarrollado la capacidad de hablar y sin tener ninguna referencia de nada...
¿Y qué hacemos?... Protestar y desgañitarnos si hace falta hasta el punto de volver loco al progenitor, hasta que conseguimos que nuestras necesidades básicas sean satisfechas. Y siempre siempre lo conseguimos. Cualquiera no aguanta un churumbel llorando ininterrumpidamente durante el tiempo que haga falta...Y mucho menos trillizos, y no te digo nada si fueran millones a la vez, no sé si me explico...
No es que yo pretenda que el papá estado haga nada por mí, aunque lo que haga bienvenido sea... pero me da la impresión de que la solución a todo esto que nos rodea, es como la felicidad, que no ha de venir de fuera.
Las cosas tienen que cambiar, si. Pero el cambio ha de ser primeramente un compromiso con uno mismo, y después con la manada, por supuesto. No olvidar que somos seres sociales por naturaleza.
Y ese compromiso es tan simple como proponerse volver a respirar hondo y desgañitarse aparte de en las redes sociales en todos los demás sentidos, hasta que nuestras necesidades básicas sean cubiertas.
No debe ser tan difícil... lo hacíamos con cero años.
La verdad es que desde que procuro respirar pase lo que pase y pese a quien pese, noto cómo se renuevan mis fuerzas cada mañana y me levanto con la idea oxigenada de que puedo hacer algo para que esto cambie. Aunque sea subirle la compra a la vecina . Tiene reuma. Y pese a que no lo hago gratis, porque me suele agradecer el favor con unas rosquillas buenísimas que prepara con amor, no sé... es un pequeño detalle que me hace ver la vida de otro color. Menos marrón.
Si demostráramos a los del traje de mandar y a los bancos que son los que mandan, que no nos hacen falta para nada, no hubieran lugar.
Tan fácil como empezar a respirar. Tan fácil como meterse hacia dentro y volver a ser niño.