SOLILOQIOS DE UNA BEASTRUZ PERDIDA EN TERRANOVA

lunes, 21 de septiembre de 2015

SIEMPRE EN LUNA LLENA

Noche, luna, relativa calma. Batiburrillo de amores y sombras llenas de una luz tenue y amarillenta. En mi imaginación aparece un castillo en lo alto de una cima muy alta. En la torre más lejana del suelo hay una pequeña ventana con rejas. Y de ella sale una larguísima trenza cobriza que danza a capricho del viento. Dice la leyenda que su dueña, antes de morir allí emparedada por serle infiel a su esposo (que por cierto era tan infiel como ella), se la cortó con una pequeña daga que consiguió esconder en uno de sus refajos y la dejó colgando de la reja para dejar constancia de su viaje injusto y precoz hacia la muerte. Después, según cuentan, se cortó las venas y asomada al ventanuco murió cantando una canción de cuna que quedó impregnada en el eco. Dicen que cuando llega el viento del sur se puede escuchar en la lejanía.
La trenza milagrosamente siguió creciendo.- Es como si tuviera vida propia- acertó a relatarme un lugareño, - todos los días de luna llena a eso de la medianoche, haya viento o no, la trenza danza en el aire sugiriendo caprichosas formas que siempre acaban pareciendo un corazón partido en dos.-