SOLILOQIOS DE UNA BEASTRUZ PERDIDA EN TERRANOVA

miércoles, 3 de mayo de 2017

DE LA SOLEDAD COMÚN

Surfeando entre poesías, 
cuentos, relatos,
prosas poéticas y prisas
veo corazones.
Corazones inquietos, yertos,
soñadores, voladores
con sífilis mental,
tristes, enamorados
o cantarines.
Pero también
huelo la soledad,
puedo percibirla
como alfombra persa delicada
que nadie se atreve a pisar.
Guerras mundiales, locales
particulares
maquillan rostros
con polvos de nostalgia
presente, pasada, futura.
Ríos de sentimientos
cuya única misión es
desembocar.
En mar abierto o de cristal.
En cascada, en charco.
Para que el sol los bese
y haga el milagro
de hacerlos volar,
y en nube convertidos
desplazarse lejos
al compás
de los cantos de sirena
que traiga el viento.
Desembocar
donde se pueda
pero hacerlo.
Soledad.
Necesidad de ser,
que los demás sepan
que somos.
Quién, no somos.
Refugio de sueños.
Trinchera entre amores.
Fiel amiga o cruel ejecutora.
Nido del primer aliento.
Voy fisgando
entre las letras
y la mayoría me dicen
cosas
que nunca han sido escritas.
Rebusco entre sustantivos
adjetivos y pronombres,
y encuentro corazones.
Siempre corazones.
Soledad.
Casi siempre soledad.
A veces surge una chispa
de luz, y sin saber
ni cómo
surge la magia
y después
la paz.