SOLILOQIOS DE UNA BEASTRUZ PERDIDA EN TERRANOVA

miércoles, 3 de mayo de 2017

¿QUÉ SOY?

Hay algo que desde que soy madre de la segunda generación de mis hijos, me viene repateando los higadillos y las entretelas.
Tengo dos libros de familia diferentes. Uno para los mayores y su padre, y otro para los pequeños y su otro padre.
No soy madre soltera, porque los niños están reconocidos, ni pareja de hecho porque de hecho, no vivo con ninguno. Pero tampoco soy familia monoparental, porque en ciertas épocas del año, pasan el tiempo con ellos.
Judicialmente, tengo la custodia de los cuatro.
Entonces que me explique alguien por favor se lo pido : si a todos los he fabricado yo, con la inestimable ayuda de cuatro espermatozoides locos y aventureros que no miden más que la cabeza de un alfiler, y han pasado todos por el mismo túnel para ver la luz, además de tenerme alienada durante nueve meses cada uno, que multiplicado por cuatro, nos da la cifra exacta de tres años de embarazo más la suma de las cuatro depresiones post parto, crianza y demás fruslerías sin importancia como la pre adolescencia, adolescencia y adultescencia, ¿por qué demonios no tengo un solo libro? ¿ Es que no se dan cuenta que dos familias dan el doble de trabajo que una? (al menos mentalmente).
Luego encima viene lo de los apellidos. Que les pusimos primero el del padre, como ahora va y resulta que sólo se suele utilizar el primero, tengo dos hijos que si no lo sabe nadie, pudieran ser míos, o de cualquier otra. Más vale que al menos un aire a mí han sacao...
Con los pequeños es otra cosa, porque a parte de apellidarse diferente de mí y también de sus hermanos, son de color. De otro color, quiero decir. Uno de color marrón oscuro, y otro un poco más claro.
Cortao, y café con leche más o menos.
Claro, aquí directamente la gente me pregunta de dónde son, y cuando les digo que pamplonicas de pura cepa, me miran como si no les hubiera entendido y me repiten: no, que dónde han nacido.
Ahí viene cuando se lo repito, o según como me pillen les señalo directamente el chocho, y entonces se dan cuenta de que al menos un par de veces me acosté con un negro, y ahí ya hay diferentes tipos de mueca, que no me voy a parar ahora a describir. Depende del sexo y la edad de quien lo pregunte.
Total, que entre pitos y flautas (nunca mejor dicho), cada vez que llego a la estación con un uno rubio, otro moreno, otro marrón oscuro y otro marrón claro, y conmigo que soy blanca nuclear, que se apellidan distinto y con dos libros de familia, y un carnet de familia numerosa, les tengo que contar todo este rollo cuyo resultado es que me cortan a la mitad del relato, justo en todo el apogeo de las depresiones post parto, y me dejan subir, no sin antes lanzarme una expresión entre extrañeza, pena, y joder qué tía.
Resumiendo: Debería ser obligatorio poner primero el apellido de la madre, empezando por la simple razón de que la identidad de la madre no ha lugar a dudas.
Y siguiendo porque nos toca el trabajo más duro. Y eso también es así.
El otro día estuve en el registro civil, y me dieron la buena noticia de que los libros de familia van a desaparecer.
Que se va a funcionar a partir de Junio con las partidas de nacimiento.
Más bien..., ahora sólo tendré que viajar con sus cuatro partidas de nacimiento, y esperar que comprueben cada una con los datos que figuran en los cinco carnets de identidad y en el de familia numerosa.
Desde luego, yo no sé qué haríamos sin estos adelantos que nos trae la informática.
Es para quedarse pasmada.
Parece mentira, oye...
Con la ilusión que le haría a mi alter friego tener un librico con mi nombre en el centro, el de mis hijos con mi apellido debajo y los padres a diestra y siniestra, como la santísima trinidad.
... Qué cruz, madre mía, si lo sé, no tengo. ( libro de familia, digo...).