SOLILOQIOS DE UNA BEASTRUZ PERDIDA EN TERRANOVA

jueves, 13 de febrero de 2014

CRIMEN PERFECTO: CONFESIONES DE UNA ASESINA II






Cárcel de Pamplona, a 23 de octubre de 2013


Es el segundo día de entrevistas con Alba. El tiempo desde la última se me ha hecho eterno. Entra en la sala calmada, pero seria. Se sienta en la silla y la esposan. Pregunto a la funcionaria si no pueden dejarla sin ellas. Contesta que no: son las normas.
- No te preocupes -dice ella- ¿empezamos?.
Asiento con la cabeza y damos comienzo a la segunda ronda de preguntas.
PREGUNTA:
- ¿Cómo te sientes después de haberme contado todo lo que me referiste el último día que nos vimos?
RESPUESTA:
- (Piensa) Es raro... nunca le había contado esto a nadie. Es una sensación entre liberación y... me siento muy culpable. Por eso estoy aquí...
PREGUNTA:
- ¿Ha habido algún momento en tu vida en el que te hayas sentido feliz?
REPUESTA:
- Cuando mi padre "se fue" (en ese instante su cara se relaja, parece que le asoma un atisbo de sonrisa). Mi madre no volvió a beber y su carácter cambió como de la noche a la mañana. Se convirtió en esa madre que yo tanto había soñado tener. Encontró un trabajo de asistenta, y también a un buen hombre que nos quería y cuidaba a las dos. Mateo.
Era empresario. Nos fuimos a vivir con él a Gorraiz. Cambié de colegio y me inventé un pasado nuevo donde Mateo era mi verdadero padre. Es lo que quería creer y lo que hice creer a todos (para, medita y sonríe irónicamente. No alcanzo a captar porqué). Fue como... volver a nacer.
PREGUNTA:
- ¿Recuerdas algún momento concreto?
RESPUESTA:
- El día de mi 15 cumpleaños.
PREGUNTA:
- ¿Qué pasó ese día?
RESPUESTA:
- Mi madre y Mateo me prepararon la mejor fiesta del mundo. Invité a toda mi clase del instituto. Incluso a una tía muy rara que había venido nueva  días atrás. No me daba muy buenas vibraciones, pero como era muy tímida, de alguna manera me sentí identificada con ella y la invité.
Pocos días antes la policía había llamado a mi madre. Al parecer el perro de un paseante había desenterrado unos restos  en San Cristóbal. Encontraron también un arma blanca de grandes dimensiones junto al cadáver, pero sin huellas, ya que llevaba 6 años a la intemperie. Tras las pruebas pertinentes habían identificado el cadáver como el de mi padre. Supusieron que era un ajuste de cuentas dado los antecedentes y su carácter agresivo. Cerraron el caso sin más.
PREGUNTA:
- ¿Qué sentiste cuando tu madre te dió la noticia?
RESPUESTA:
- ...Como si un gran peso cayera desde mis espaldas al suelo... nunca más volvimos a mencionar el "incidente". Por fin mi padre estaba muerto y enterrado oficialmente. Y nosotras fuera de toda sospecha. Fue genial sentirse así.
PREGUNTA:
- Estábamos hablando del día de tu cumpleaños ¿Cómo fue aquella fiesta?
RESPUESTA:
- Estábamos todos bailando animadamente cuando el novio de mi madre dijo a los músicos que tocaran una pieza especial, la hizo subir al escenario y le pregunto si quería casarse con él; a lo que ella emocionada respondió que sí. Y se abrazaron y fundieron en un beso interminable que fue acompañado por los aplausos y "vivan los novios" de todos los presentes.
Creo que me alegré por ella, aunque me dio como un escalofrío justo en el momento después del anuncio.
Me fijé que "la nueva" estaba discutiendo con alguien y me acerque hacia donde estaba para pedirle que se calmara, pero no había manera. Decía que alguien la había insultado y que eramos todos unos "putos pijos de mierda".
Le dije que se fuera, que no quería malos rollos, que era mi fiesta y no iba a dejar que nadie la arruinara. Y menos ella. Se quedó mirándome fijamente y dijo que sí, que se iría... pero que no me pasara de lista porque lo sabía todo “- ¡Bastarda! -“ dijo a pleno grito y se marchó.
Yo disimulé y mentí hasta que la fiesta se acabó. Mis amigos me preguntaban porqué me habría dicho bastarda. Yo les dije (era verdad) que me había enterado de que estaba recibiendo asistencia psiquiátrica  porque en su instituto anterior la acosaban. Y que había intentado suicidarse varias veces (mentira). Que no sabía... que estaría flipando con algún pastillazo de esos que les dan.
 No sé si se estaría tirando un farol o si realmente sabía algo, pero en cuanto dijo aquella palabra, empecé a obsesionarme con su persona.
PREGUNTA:
- ¿Por qué?
RESPUESTA:
- Siempre que pasaba delante de mí, me miraba y decía esa palabra pero sin voz. Sólo moviendo los labios. "Bastarda". Parecía que a la gente empezaba a caerle bien y eso a mí me molestaba, aunque no dejaba que nadie se diera cuenta. Empecé  a odiarla a más no poder. Me daban ganas de matarla.
PREGUNTA:
- ¿Hubo boda por fin?
RESPUESTA:
- Sí. Mi madre y Mateo se casaron  unos meses después. Un día fuimos a comer a un sitio muy elegante y me explicaron que estábamos allí porque teníamos algo que celebrar: Ellos iban a ser padres y yo iba  a tener un hermanito. O hermanita.
PREGUNTA:
- ¿Y cómo te cayó la noticia?
RESPUESTA:
- Ni bien, ni mal. En realidad ellos llevaban su vida y yo hacía más o menos lo que quería, así que todo estaba tranquilo.
PREGUNTA:
- ¿Qué tal fueron las cosas en tu casa durante el embarazo?
RESPUESTA:
- La verdad es que  fue bastante penoso. Pasaba ya de los cuarenta y se pasaba el día vomitando y quejándose  de la espalda y de la de veces que tenía que ir al baño durante el día o la noche. A Mateo empezó a agriarsele el carácter y yo intentaba pasar todas las horas que podía fuera de casa.
Salía pronto y llegaba lo más tarde posible. Les decía cualquier excusa y ellos confiaban en mí. Hacía lo que me daba la gana. (Hace una larga pausa ensimismada y sigue) parece que no estuviera conmigo.
Una noche mientras dormía empecé a soñar que me ahogaba y no podía respirar. Como si tuviera la boca llena de comida y el aire no pudiera pasar. Y cuando conseguí abrir los ojos me encontré con los huevos de Mateo en mi barbilla y su pene erecto metido entero en mi boca.
Me lo quité de encima como pude, llorando y él me tapaba la boca y me decía que no gritara, que lo íbamos a pasar bien, que me quería mucho, que siempre me había querido.
Y me violó. Y dijo que si mi madre se enteraba de algo nos mataría a las dos.
PREGUNTA:
- ¿Y qué pasó después?
RESPUESTA:
-  Me sentía sucia  y estuve bajo la ducha durante un rato muy largo. Froté hasta quedarme casi sin piel, pero no conseguí quitarme de encima esa sensación de suciedad. Salí de casa sin rumbo fijo... y me encontré con una amiga que se dió cuenta enseguida de que estaba mal, y me propuso que fuéramos a su casa a emborracharnos. Bebimos, le dije que me había dejado mi chico...
Al día siguiente cuando llegué al instituto "la nueva" pasó a mi lado e hizo lo de siempre: "bastarda". Y se fue sonriendo y charlando con sus amigas. En ese mismo momento decidí que iba a matarla. Estaba fuera de mí.
Los días siguientes intenté acercarme a ella a través de amigos comunes. Conseguí su e-mail y le mandé un mensaje pidiéndole disculpas por haberla echado de mi fiesta de tan mala manera. Le dije que me gustaría empezar de cero, que creía que era simpática y que me caía bien.
PREGUNTA:
- ¿Funcionó?
RESPUESTA:
- Funcionó... Nos hicimos las "mejores amigas". No se dió cuenta de nada... era una gilipollas.
PREGUNTA:
- Y decidiste quitarle la vida...
RESPUESTA:
- Una noche nos fuimos de marcha. Yo le había dicho a ver si podía traer alguna de sus pastillas para mezclarlas con alcohol y alucinar un rato. Le pareció bien y las trajo. Fuimos a unos jardines apartados y empezamos a beber. En realidad sólo ella, porque en cuanto se daba la vuelta yo tiraba mi bebida en la hierba. Esperé a que estuviera bastante perjudicada,  le pedí que sacara las pastillas y le animé a comerse una detrás de otra hasta que acabó con toda la tableta y yo me fuí cuidando de no dejar rastro alguno. Se puso a llover a mares. La "suerte" jugó otra vez a mi favor.
Al día siguiente salió la noticia en los periódicos de que habían encontrado a una joven muerta en un parque apartado. Los forenses habían determinado que la causa de la muerte había sido el suicidio, llevado a cabo con una ingesta masiva de pastillas llamadas diazepam que le habían sido prescritas por su médico para facilitarle las largas noches de insomnio que por lo visto venía padeciendo desde unos años atrás.
Otra vez caso cerrado. Hice lo que tenía que hacer. Hija de puta...

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Dejamos aquí la entrevista. Se acabó el tiempo por hoy. Estoy impresionada. No parece la misma. Hoy es la primera vez que he visto odio en su mirada y se me han puesto los pelos de punta. La funcionaria ha soltado las esposas de la silla, se las ha puesto y se ha ido sin despedirse. Sin mirar atrás. Todavía tengo la carne de gallina.