SOLILOQIOS DE UNA BEASTRUZ PERDIDA EN TERRANOVA

lunes, 17 de febrero de 2014

"CRIMEN PERFECTO: CONFESIONES DE UNA ASESINA".





PRÓLOGO


Siempre quise estudiar periodismo. Supongo que para satisfacer mi curiosidad insaciable y para investigar y contar historias de primera mano y no basadas en rumores.
La psicología humana me atraía enormemente y en especial cómo funciona la mente de un asesino. Dónde está el límite en el cual se traspasa la barrera entre el bien y el mal.
Y empecé a documentarme. Empleé muchas horas en estudiar entrevistas con asesinos, investigadores, criminólogos, forenses, psicólogos y psiquiatras. Perfiladores criminales, abogados, víctimas, testigos y familiares. Escuché a sicarios de cárteles de las drogas hablar de matar sin ningún tipo de remordimiento, como si de una jornada laboral normal se tratara, y visité vía internet las cárceles más peligrosas del mundo y sus habitantes.
La conclusión a la que llegan estos trabajos de investigación desarrollados durante años, es que hay tres principales motivos por los cuales un ser humano decide quitarle la vida a un semejante: el "amor", la codicia (poder) y la enfermedad mental.
Tremendamente importante es también el clima familiar y sociocultural en los que se desarrollan los primeros años de esta etapa de la vida tan importante como desconocida que es la infancia.
Hace unos meses estuve visitando el módulo de mujeres de la  prisión de Pamplona. Me invitaron a participar en unas charlas coloquio que habían organizado las propias internas y cuyo objetivo era iniciar un estudio sobre las condiciones de vida en la cárcel. Relaciones de pareja, maternidad, aprendizaje y reinserción.
Sólo había ocho mujeres. Cinco eran "muleras" que habían apostado por traerse una maleta llena de droga para intentar mejorar su vida, y habían acabado allí. La mayor tenía  22 años y tres hijos de tres padres en Bogotá, de los que se hacía cargo su madre. Otra lloraba todo el rato “¡8 años!” - decía, y juraba que ella “nunca supo que llevaba droga en la maleta”. Aseguraba que alguien le dió el cambiazo en el aeropuerto, que era inocente. Me dijeron que no había parado de llorar desde que llegó.
Supongo que eso es lo que dicen la mayoría de los que están en la cárcel. Pero yo la creí. Y se me encogió el corazón.
Luego había otras dos mujeres bastante mayores. Tardé un rato en darme cuenta de que no eran voluntarias, sino internas. Jamás me hubiera imaginado que aquellas dos casi ancianas adorables que hacían de madre con las demás pudieran haber hecho algo que las trajera hasta allí. Pero sí. Eran traficantes de heroína. Cuando me lo explicó la funcionaria no daba crédito.
A menudo imaginamos las cárceles llenas de indeseables inadaptados que representan un peligro potencial para la sociedad. Pero yo lo que veo en su inmensa mayoría es que son personas que una vez tomaron el camino equivocado, o bien personas con una enfermedad mental. Malas decisiones que les llevaron por un camino de difícil retorno. Diagnósticos fallidos que no han dado con el tratamiento adecuado.
Apartada de todas había una chica de unos treinta que leía un libro. No parecía interesarle mucho la reunión. La invité a participar, pero me dijo "no, gracias" y continuó leyendo.
La charla se hizo amena y corta. Había café y pastas y se respiraba un ambiente extrañamente hogareño. Compartimos impresiones durante un par de horas. Yo me ofrecí para darles clases de dramatización. Pensé que eso podría mejorar su estancia allí, y ellas acogieron la idea con entusiasmo. Redactamos  la petición oficial correspondiente y me preparé para marcharme.
Las abracé a todas menos a la chica del libro que no se acercó a despedirse. La saludé con la mano y ella me devolvió el saludo sonriendo. Y sentí cariño. También pena. Sentimientos encontrados sobre lo que es justo o injusto...
Cuando salía  pregunté a la funcionaria por qué motivo que estaba allí la chica.
Me contestó que era un caso muy extraño. Se había autoinculpado de varios asesinatos que nunca habían tenido lugar. Eran casos cerrados. Estaba a la espera de que le hicieran un peritaje psicológico, y también estaban valorando si entre los datos que aportaba sobre las diferentes causas había indicios suficientes como para reabrir la investigación de alguna de ellas.
Volví la vista para mirarla antes de que la puerta de barrotes se cerrara tras de mí y pensé que era increíble que aquella mujer de apariencia apacible y educada hubiera matado a nadie.
Pasaban los días pero la imagen de aquella chica no dejaba de ocupar mi cabeza. ¿Porqué  confesar unos asesinatos que no había cometido? y si los había perpetrado y no la habían inculpado... hubiera conseguido no uno, sino varios crímenes perfectos. Esos que dicen que no existen.
Me pareció una historia digna de ser escrita en cualquier caso, y me puse en contacto con las voluntarias que acuden regularmente a la cárcel para hacerle llegar una nota en la que ponía que su caso me llamaba mucho la atención y que estaría interesada en hacerle varias entrevistas.
En un par de semanas recibí una carta de Alba desde la cárcel. Estaba de acuerdo en contarme su historia, pero sería yo la que tuviera que conseguir el permiso oficial para poder hacerle las entrevistas.
Así que ni corta ni perezosa, hablo con mi jefe de redacción. Le explico el caso, y me da permiso para hacerlas en nombre del periódico, pero pone como condición que las haga fuera del horario de trabajo. Esas horas de entrevista no serán retribuidas hasta que la historia sea publicada... en el caso de que se compruebe que todos los datos son ciertos.
Envié la solicitud pertinente a las autoridades competentes y mientras esperaba respuesta, Alba y yo empezamos a conocernos a través de cartas y alguna visita que otra.
No era fácil acceder a ella. Así que yo dejaba que siempre tomara la iniciativa y hablábamos de lo que ella quisiera, casi siempre el tema era yo. Tenía su lógica. Necesitaba confiar en mí antes de contarme todo lo acontecido en su vida.
Por fin llegaron los permisos, casi a la vez que el peritaje psicológico de Alba en el que los doctores habían llegado a la conclusión de que podía estar diciendo la verdad en todos los casos que venía relatando. Así que estaba oficialmente acusada de cuatro asesinatos. Todos ellos cometidos siendo ella todavía menor.
Suficiente para no salir jamás de la cárcel. No podía creerlo.
Lo que a continuación vais a leer es un extracto de las cuestiones más importante de las que se hablaron durante treinta y cinco horas de entrevistas en las cuales ella desnuda su alma y cuenta cómo ocurrió todo.



Cárcel de Pamplona, a 21 de septiembre de 2013


Me encuentro en el módulo de mujeres de la cárcel de Pamplona para entrevistarme con Alba, autora confesa de cuatro delitos de asesinato. Estamos en una estancia pequeña. Ella esposada a la silla. Yo en frente y una funcionaria que será testigo de todo lo que aquí se diga.
PREGUNTA:
- Hola Alba. Lo primero que me gustaría saber es si hay algo que quieras decir antes de empezar con las preguntas.
RESPUESTA:
- Me gustaría pedir perdón a mi amor, a mi hijo y a mi hermano por todo el dolor que les estoy haciendo pasar. No se lo merecen, pero tampoco podía hacer otra cosa (llora amargamente).
PREGUNTA:
- Me gustaría saber cómo empezó todo. Qué recuerdos tienes de tu infancia antes de que pasara lo que pasó.
RESPUESTA:
(Se queda un rato pensando, parece dudar... luego me mira fijamente y empieza a hablar).
- Desde que tengo uso de razón recuerdo  a mi madre siempre triste. Se ocupaba de mí y me llevaba al colegio pero a veces se le olvidaba pasar a recogerme, o hacer la compra o pagar alguna factura. Me daba cuenta de que las mamás de mis compañeros no eran como la mía. Y los papás tampoco (hace una pausa, respira hondo y sigue).
Mi padre era representante de diferentes marcas de ron cubano, pacharán y algunas cervezas de importación... pasaba largas temporadas fuera de casa. Y cuando venía, casi siempre borracho, cogía a mi madre superfuerte por el brazo y se encerraba con ella en la habitación durante horas. Incluso una vez estuvieron encerrados dos días. Me pedía botellas y sandwiches que era lo único que yo sabía preparar. Se lo llevaba y él abría la puerta cogía las cosas y volvía a cerrarla rápidamente. Un día me dió tiempo a ver a mi madre tendida en la cama con la cara llena de sangre. Pero luego él se iba y ella nunca se quejaba. Sólo bebía hasta quedarse dormida. En ese instante en el que la puerta estuvo abierta y ví lo que ví, sentí lo que era odiar. Odiar hasta límites insospechados. Era mi madre y yo la quería.
PREGUNTA:
- ¿Cuántos años tenías?¿Qué sentimiento te provocaba tu padre?
RESPUESTA:
- Tendría siete u ocho, no sé exactamente. Mi padre me daba miedo (calla un momento y corrige).Pánico. Me daba pánico.
PREGUNTA:
- ¿Cómo te recuerdas a tí misma de pequeña?
RESPUESTA:
- Era una niña tímida y aplicada, nunca creaba problemas. Así que si alguien me preguntaba por el paradero de mi madre que no venía a recogerme, yo decía que estaba trabajando y que dejaba a una amiga en casa para que me cuidara. Y me creían. Creo que fue ahí donde empecé a darme cuenta de que tenia el don de hacer creer cualquier cosa a cualquiera sin levantar sospechas .Y eso me hizo sentir una especie de seguridad en mí misma hasta entonces desconocida para mí.
PREGUNTA:
- ¿Qué pasó el día que murió tu padre?
RESPUESTA:
- Era sábado por la mañana. Mi padre había llegado borracho. Pero esta vez fue distinto porque me trajo un regalo. Yo pensaba que no me quería, porque nunca me hablaba y tampoco me dejaba llamarle papá. Más tarde entendí porqué.
Era una muñeca rubia preciosa con un vestido rosa muy bonito lleno de puntillas y unas coletas que al estirar de ellas crecía el pelo hasta la cintura. Era lo más bonito que había tenido nunca. Pensé que igual sí  me quería (sonríe por un leve instante).
Bueno... era sábado por la mañana y llevaban encerrados en la habitación desde la noche anterior. Yo estaba emocionada haciéndole peinados a aquella muñeca tan increíble. Le puse de nombre Celia. Por fin tenía a alguien con quién hablar. Por un momento me sentí feliz (sonríe y llora a la vez).
Pero la felicidad duró poco. Exactamente hasta el momento (no mucho rato después) en el que oí un grito desgarrador y un "basta por favor" entres sollozos. Se me pusieron los pelos de punta. Me quedé paralizada sin saber qué hacer. Yo nunca entraba en la habitación .Lo tenía terminantemente prohibido. De pronto se hizo el silencio, y a los pocos minutos volví a oírla gritar.
PREGUNTA:
- ¿Qué hiciste?
RESPUESTA:
- Estaba como en shock, agarrada al pelo de la muñeca sin saber qué hacer o a quién acudir. Jamás la había escuchado gritar. Entonces fuí a la cocina, cogí el cuchillo más grande que encontré, me dirigí hacia la puerta del cuarto y la abrí despacio. Me asomé y ví que mi madre estaba desnuda, inmovilizada por unas esposas que le aprisionaban pies y manos en la cabecera y los pies de la cama, boca abajo, y a mi padre en uno de los laterales con un puro en la mano quemándola en la espalda. Ví como se lo llevaba a la boca y después de aspirar una calada muy profunda se lo apagaba apretándoselo contra la parte trasera de la rodilla (llora desconsolada y sigue hablando entre sollozos…)
El chillido esta vez me congeló la sangre y de pronto todo ese odio que sentía desde hace tanto tiempo me hizo entrar disparada hacia él y clavarle el cuchillo lo más fuerte que pude. Se lo clave por debajo del ombligo. Y cuando se agachó y fue a cubrirse con las manos donde le había clavado, le corte en el cuello  y cayó al suelo mientra me decía "hija de puta,... qué... zorra... ayúdame, hija de puta bastarda…”
PREGUNTA:
- ¿Que se te pasaba por la cabeza en esos momentos?
RESPUESTA:
- Ni siquiera sabía lo que decía, hasta que me señaló una llave que sobresalía del borde del bolsillo de su pantalón que estaba tirado en el suelo. Creo que quería que soltara a mi madre para que ella le ayudara. Nunca lo llegué a saber porque cayó al suelo rodeado por un gran charco de sangre.
Siempre me he preguntado  porqué no pusieron nunca cerrojo en la habitación. Supongo que confiaban en que no entrara, no sé. Sólo era una niña...
PREGUNTA:
- ¿Qué hacía tu madre mientras tanto?
RESPUESTA:
- Pobre mamá. No pudo ver nada porque tenía los ojos vendados. Sólo lloraba y preguntaba:
-¿qué has hecho?... suéltame... ¿qué has hecho?-.
La solté con mucha dificultad. La llave era pequeña y cuando fuí a introducirla en la ranura de las esposas me dí cuenta de que mis manos estaban llenas de sangre.
PREGUNTA:
- ¿Qué hizo ella entonces?
RESPUESTA:
- Se quedó allí, inmóvil, sentada en la cama durante largo rato y yo sentada también a su lado. No me tocaba, no me hablaba, sólo repetía "¿qué has hecho?
Le pregunte qué quería decir bastarda. Pero no me contestó. Al cabo de un rato me cogió, llenó la bañera y me metió en ella. Incluso me dejó hacer burbujas con el jabón y echó en el agua de sus sales de baño que eran como cristalitos de colores y que nunca compartía conmigo. Puso la radio. Sonaba "mujer fatal". Lo recuerdo perfectamente.
Me dijo que me quedara allí. Que no me moviera ni abriera la puerta a nadie hasta que ella viniera. Le dije que si podía meter a Celia conmigo en la bañera para lavarle el pelo. La trajo, le quitó el vestido, y me la dió... y se fue.
PREGUNTA:
- ¿Cuánto tiempo te dejo sola en la bañera?
RESPUESTA:
- El agua de la bañera ya estaba fría y yo temblando cuando la oí llegar por fin. Entró en el baño sonriente. Eso me chocó bastante porque no recordaba la última vez que la había visto sonreir. Yo no sabía cómo sentirme, todo era como un mal sueño. Entonces me envolvió en la toalla y me abrazó contra su pecho. Me sentí bien.
- No te preocupes por nada, cariño... -me dijo- sólo has hecho lo que tenías que hacer... yo me ocuparé de todo - y me besó y me abrazó como nunca antes. Y entonces me convencí de que había hecho bien. Además era la primera vez que me decía cariño. Me gustó. Por un momento me sentí como los demás.
PREGUNTA:
- ¿Qué pasó cuando saliste del baño?
RESPUESTA:
- Cuando me sacó del baño, todo en la casa estaba limpio y en orden. Mi padre ya no estaba, ni la sangre ni el cuchillo... como si allí no hubiera pasado nada y yo no hubiera hecho lo que hice. Estaba algo confundida. No sabía qué pensar.
- Te he traído comida china de la que te gusta... ¿quieres ver los dibujos? - me dijo... no sabía qué pensar...
PREGUNTA:
- ¿Qué hacía ella mientras tanto?
RESPUESTA:
-  Mientras yo cenaba entretenida con la tele, ella llamó a la policía y les dijo que mi padre la había atacado y que había salido de la casa hecho una furia .Que temía que pudiera hacer daño a alguien. Yo no lo sabia entonces, pero ella ya lo había denunciado alguna vez, aunque en cuanto él se iba volvía a comisaría y retiraba la denuncia.
Enseguida se presentaron dos policías en casa para interrogar a mi madre... les enseñó varias quemaduras y antiguas cicatrices por todo el cuerpo que yo no le había visto hasta entonces.
Les relató cómo la había esposado y quemado con un puro. Que al verse sorprendido por mí, entró en cólera y salió corriendo de la casa... les pidió también que no me molestaran porque todavía yo no había sido capaz de reaccionar.
Uno de los policías se acercó hasta mí y me preguntó si estaba bien. Yo le enseñé mi mejor sonrisa y le contesté que sí, que había salvado a mi madre “-Si, me dijo- ...- has sido muy valiente-“ y me acarició el pelo. Después se despidieron amablemente y le dijeron a mi madre que tendría que ir al día siguiente al hospital para que le hicieran un parte de lesiones y después a poner la denuncia. Que dejarían un coche patrulla vigilando la casa toda la noche por si volvía.
PREGUNTA:
- ¿Qué hizo cuando se fue la policía?
RESPUESTA:
- Cerró la puerta y fue directa al mueble bar a coger la botella de ron. Le quitó el tapón y un segundo antes de empezar a beber me miró, se quedó quieta un momento y tiró el ron y todo lo que contenían las demás botellas que había en casa por la fregadera para después jurarme que no volvería a beber.
PREGUNTA:
- ¿Qué pasó cuando vieron que tu padre no volvía?
RESPUESTA:
- Lo pusieron en busca y captura después de decirnos que nos tendrían al tanto de cualquier noticia que tuvieran sobre él.

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Aquí concluimos la primera jornada de entrevistas. Doy las gracias a Alba por compartir conmigo. Ella me mira profundamente y se va secándose las lágrimas. Esto va a ser mucho más duro de lo que pensaba.


Cárcel de Pamplona, a 23 de octubre de 2013


Es el segundo día de entrevistas con Alba. El tiempo desde la última se me ha hecho eterno. Entra en la sala calmada, pero seria. Se sienta en la silla y la esposan. Pregunto a la funcionaria si no pueden dejarla sin ellas. Contesta que no: son las normas.
- No te preocupes -dice ella- ¿empezamos?.
Asiento con la cabeza y damos comienzo a la segunda ronda de preguntas.
PREGUNTA:
- ¿Cómo te sientes después de haberme contado todo lo que me referiste el último día que nos vimos?
RESPUESTA:
- (Piensa) Es raro... nunca le había contado esto a nadie. Es una sensación entre liberación y... me siento muy culpable. Por eso estoy aquí...
PREGUNTA:
- ¿Ha habido algún momento en tu vida en el que te hayas sentido feliz?
REPUESTA:
- Cuando mi padre "se fue" (en ese instante su cara se relaja, parece que le asoma un atisbo de sonrisa). Mi madre no volvió a beber y su carácter cambió como de la noche a la mañana. Se convirtió en esa madre que yo tanto había soñado tener. Encontró un trabajo de asistenta, y también a un buen hombre que nos quería y cuidaba a las dos. Mateo.
Era empresario. Nos fuimos a vivir con él a Gorraiz. Cambié de colegio y me inventé un pasado nuevo donde Mateo era mi verdadero padre. Es lo que quería creer y lo que hice creer a todos (para, medita y sonríe irónicamente. No alcanzo a captar porqué). Fue como... volver a nacer.
PREGUNTA:
- ¿Recuerdas algún momento concreto?
RESPUESTA:
- El día de mi 15 cumpleaños.
PREGUNTA:
- ¿Qué pasó ese día?
RESPUESTA:
- Mi madre y Mateo me prepararon la mejor fiesta del mundo. Invité a toda mi clase del instituto. Incluso a una tía muy rara que había venido nueva  días atrás. No me daba muy buenas vibraciones, pero como era muy tímida, de alguna manera me sentí identificada con ella y la invité.
Pocos días antes la policía había llamado a mi madre. Al parecer el perro de un paseante había desenterrado unos restos  en San Cristóbal. Encontraron también un arma blanca de grandes dimensiones junto al cadáver, pero sin huellas, ya que llevaba 6 años a la intemperie. Tras las pruebas pertinentes habían identificado el cadáver como el de mi padre. Supusieron que era un ajuste de cuentas dado los antecedentes y su carácter agresivo. Cerraron el caso sin más.
PREGUNTA:
- ¿Qué sentiste cuando tu madre te dió la noticia?
RESPUESTA:
- ...Como si un gran peso cayera desde mis espaldas al suelo... nunca más volvimos a mencionar el "incidente". Por fin mi padre estaba muerto y enterrado oficialmente. Y nosotras fuera de toda sospecha. Fue genial sentirse así.
PREGUNTA:
- Estábamos hablando del día de tu cumpleaños ¿Cómo fue aquella fiesta?
RESPUESTA:
- Estábamos todos bailando animadamente cuando el novio de mi madre dijo a los músicos que tocaran una pieza especial, la hizo subir al escenario y le pregunto si quería casarse con él; a lo que ella emocionada respondió que sí. Y se abrazaron y fundieron en un beso interminable que fue acompañado por los aplausos y "vivan los novios" de todos los presentes.
Creo que me alegré por ella, aunque me dio como un escalofrío justo en el momento después del anuncio.
Me fijé que "la nueva" estaba discutiendo con alguien y me acerque hacia donde estaba para pedirle que se calmara, pero no había manera. Decía que alguien la había insultado y que eramos todos unos "putos pijos de mierda".
Le dije que se fuera, que no quería malos rollos, que era mi fiesta y no iba a dejar que nadie la arruinara. Y menos ella. Se quedó mirándome fijamente y dijo que sí, que se iría... pero que no me pasara de lista porque lo sabía todo “- ¡Bastarda! -“ dijo a pleno grito y se marchó.
Yo disimulé y mentí hasta que la fiesta se acabó. Mis amigos me preguntaban porqué me habría dicho bastarda. Yo les dije (era verdad) que me había enterado de que estaba recibiendo asistencia psiquiátrica  porque en su instituto anterior la acosaban. Y que había intentado suicidarse varias veces (mentira). Que no sabía... que estaría flipando con algún pastillazo de esos que les dan.
 No sé si se estaría tirando un farol o si realmente sabía algo, pero en cuanto dijo aquella palabra, empecé a obsesionarme con su persona.
PREGUNTA:
- ¿Por qué?
RESPUESTA:
- Siempre que pasaba delante de mí, me miraba y decía esa palabra pero sin voz. Sólo moviendo los labios. "Bastarda". Parecía que a la gente empezaba a caerle bien y eso a mí me molestaba, aunque no dejaba que nadie se diera cuenta. Empecé  a odiarla a más no poder. Me daban ganas de matarla.
PREGUNTA:
- ¿Hubo boda por fin?
RESPUESTA:
- Sí. Mi madre y Mateo se casaron  unos meses después. Un día fuimos a comer a un sitio muy elegante y me explicaron que estábamos allí porque teníamos algo que celebrar: Ellos iban a ser padres y yo iba  a tener un hermanito. O hermanita.
PREGUNTA:
- ¿Y cómo te cayó la noticia?
RESPUESTA:
- Ni bien, ni mal. En realidad ellos llevaban su vida y yo hacía más o menos lo que quería, así que todo estaba tranquilo.
PREGUNTA:
- ¿Qué tal fueron las cosas en tu casa durante el embarazo?
RESPUESTA:
- La verdad es que  fue bastante penoso. Pasaba ya de los cuarenta y se pasaba el día vomitando y quejándose  de la espalda y de la de veces que tenía que ir al baño durante el día o la noche. A Mateo empezó a agriarsele el carácter y yo intentaba pasar todas las horas que podía fuera de casa.
Salía pronto y llegaba lo más tarde posible. Les decía cualquier excusa y ellos confiaban en mí. Hacía lo que me daba la gana. (Hace una larga pausa ensimismada y sigue) parece que no estuviera conmigo.
Una noche mientras dormía empecé a soñar que me ahogaba y no podía respirar. Como si tuviera la boca llena de comida y el aire no pudiera pasar. Y cuando conseguí abrir los ojos me encontré con los huevos de Mateo en mi barbilla y su pene erecto metido entero en mi boca.
Me lo quité de encima como pude, llorando y él me tapaba la boca y me decía que no gritara, que lo íbamos a pasar bien, que me quería mucho, que siempre me había querido.
Y me violó. Y dijo que si mi madre se enteraba de algo nos mataría a las dos.
PREGUNTA:
- ¿Y qué pasó después?
RESPUESTA:
-  Me sentía sucia  y estuve bajo la ducha durante un rato muy largo. Froté hasta quedarme casi sin piel, pero no conseguí quitarme de encima esa sensación de suciedad. Salí de casa sin rumbo fijo... y me encontré con una amiga que se dió cuenta enseguida de que estaba mal, y me propuso que fuéramos a su casa a emborracharnos. Bebimos, le dije que me había dejado mi chico...
Al día siguiente cuando llegué al instituto "la nueva" pasó a mi lado e hizo lo de siempre: "bastarda". Y se fue sonriendo y charlando con sus amigas. En ese mismo momento decidí que iba a matarla. Estaba fuera de mí.
Los días siguientes intenté acercarme a ella a través de amigos comunes. Conseguí su e-mail y le mandé un mensaje pidiéndole disculpas por haberla echado de mi fiesta de tan mala manera. Le dije que me gustaría empezar de cero, que creía que era simpática y que me caía bien.
PREGUNTA:
- ¿Funcionó?
RESPUESTA:
- Funcionó... Nos hicimos las "mejores amigas". No se dió cuenta de nada... era una gilipollas.
PREGUNTA:
- Y decidiste quitarle la vida...
RESPUESTA:
- Una noche nos fuimos de marcha. Yo le había dicho a ver si podía traer alguna de sus pastillas para mezclarlas con alcohol y alucinar un rato. Le pareció bien y las trajo. Fuimos a unos jardines apartados y empezamos a beber. En realidad sólo ella, porque en cuanto se daba la vuelta yo tiraba mi bebida en la hierba. Esperé a que estuviera bastante perjudicada,  le pedí que sacara las pastillas y le animé a comerse una detrás de otra hasta que acabó con toda la tableta y yo me fuí cuidando de no dejar rastro alguno. Se puso a llover a mares. La "suerte" jugó otra vez a mi favor.
Al día siguiente salió la noticia en los periódicos de que habían encontrado a una joven muerta en un parque apartado. Los forenses habían determinado que la causa de la muerte había sido el suicidio, llevado a cabo con una ingesta masiva de pastillas llamadas diazepam que le habían sido prescritas por su médico para facilitarle las largas noches de insomnio que por lo visto venía padeciendo desde unos años atrás.
Otra vez caso cerrado. Hice lo que tenía que hacer. Hija de puta...

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Dejamos aquí la entrevista. Se acabó el tiempo por hoy. Estoy impresionada. No parece la misma. Hoy es la primera vez que he visto odio en su mirada y se me han puesto los pelos de punta. La funcionaria ha soltado las esposas de la silla, se las ha puesto y se ha ido sin despedirse. Sin mirar atrás. Todavía tengo la carne de gallina.



Cárcel de Pamplona, 17 de Noviembre de 2013


Es mi tercer día con Alba. Después de las revelaciones del otro día todavía me siento sobrecogida. Aún es difícil admitir para mí que la persona que veo en frente es la misma que relatan los hechos. Es el trabajo más intenso que he hecho en toda mi vida.
Entran Alba y la funcionaria. El ritual se repite.
PREGUNTA:
- ¿Cómo te encuentras?
RESPUESTA:
- Estoy tranquila. Aquí tengo muchas horas para pensar.
PREGUNTA:
- ¿Y qué piensas?
RESPUESTA:
- Es complicado, pero tengo la sensación de que hice lo que hice porque no podía hacer otra cosa.
PREGUNTA:
- La chica que mataste... ¿merecía morir?
RESPUESTA:
- Era débil, habría sido carne de cañón de todos modos. Creo que le ahorré a su familia unos cuantos años de sufrimiento. Hubiera terminado por matarse igualmente. Desgraciadamente este mundo no está hecho para los débiles.
PREGUNTA:
- ¿Fuiste a su entierro?
RESPUESTA:
- Fuimos toda la clase. No sentí nada.
PREGUNTA:
- Hablamos el último día de que Mateo te había violado y amenazado con matarte si tu madre se enteraba. ¿Nunca pensaste en hablar con ella a pesar de todo?
RESPUESTA:
- No me hubiera creído... estaba tan enamorada ... totalmente ciega . Era débil...
PREGUNTA:
- ¿Continuó haciéndolo?
RESPUESTA:
- (Llorando) Casi siempre conseguía esquivarlo, pero sí. Ocurrió un par de veces más.
PREGUNTA:
- No puedo llegar a comprender cómo tu madre no se dió cuenta de nada.
RESPUESTA:
- Mi hermano nació antes de tiempo. El parto había sido duro y volvía a estar deprimida, como yo la recordaba de pequeña. Empezó a beber de nuevo. Y él, frustrado empezó a maltratarla psíquicamente primero y físicamente después.
PREGUNTA:
- ¿Cómo lo supiste?
RESPUESTA:
- Lo supe. La historia volvía a repetirse como si fuera parte de un círculo vicioso interminable.
PREGUNTA:
- ¿Pensaste en hacer algo para poner remedio a esa situación?
RESPUESTA.
- Sólo pensaba en mi hermano... y en mi hijo.
PREGUNTA:
- ¿Tu hijo?
RESPUESTA:
- Me quedé embarazada de Mateo. No sabía qué hacer... hasta que decidí contarle todo a mi madre pasara lo que pasara. No podía más (impotente,mirando al suelo y negando con la cabeza).
PREGUNTA:
- ¿Qué pasó?
RESPUESTA:
- Al principio se puso muy blanca, creí que le iba a dar algo. Luego empezó a llorar y me dijo que ese niño no podía ser de Mateo. Le contesté que sí, que por favor me creyera. Le rogué que nos fuéramos de allí y que le dejara, pero ella seguía ausente repitiendo: “no puede ser... no puede ser “... Al final me dijo que eso era imposible porque Mateo nunca se acostaría con su propia hija.
PREGUNTA:
- ¿Con su propia hija?
RESPUESTA:
- Me confesó que había tenido una relación con Mateo poco antes de empezar con con mi padr...(para, y piensa)... con mi padrastro. En ese mismo instante comprendí porqué nunca me quiso y porqué me llamó bastarda antes de morir. Era más de lo que podía soportar. Estaba embarazada de mi padre.
PREGUNTA:
- ¿Qué se te pasó por la cabeza en ese momento?
RESPUESTA:
- Al principio no la creí, pero al ver el estado en el que estaba los días siguientes me convencí de que lo que había dicho era cierto.
Estuve pensando durante días qué hacer, hasta que decidí que tendría al niño.
También decidí matarlos a los dos. Pensé que sería lo mejor para acabar con el sufrimiento de mi madre y con el hijo puta ese que no se merecía otra cosa que la muerte.
Cogería a mi hermano, me iría y comenzaría una nueva vida de verdad. Esta vez nadie me lo iba a impedir.
PREGUNTA:
- ¿Cómo lo hiciste?
RESPUESTA:
- Ellos solían quedarse viendo la tele hasta tarde frente a la chimenea. Mi hermano y yo teníamos las habitaciones en el cuarto de arriba, así que la cosa resultó relativamente fácil... (piensa y respira hondo).
Esperé a que se durmieran en el sofá, bajé y saqué una brasa de la chimenea. La portezuela estaba abierta. Soplé sobre el ascua hasta que prendió la alfombra que empezó a fundirse.Un humo denso se empezó a extender rápidamente por toda la estancia. Cerré la puerta del  salón y subí al piso de arriba. No se oía nada, pero salía mucho humo por debajo de la puerta. No hice nada hasta que ésta empezó a ser pasto de las llamas. Entonces llamé a los bomberos.
PREGUNTA:
- ¿Qué pasó cuando llegaron los bomberos?
RESPUESTA:
- Cuando llegaron yo estaba en el jardín con mi hermano en brazos llorando. Uno se quedó con nosotros, los demás entraron en la casa... yo gritaba: “¡mis padres, por favor, mis padres!”
Al rato salieron y me dijeron que no habían podido hacer nada, que los dos estaban muertos. Se habían asfixiado.
Me llevaron  a un refugio de mujeres y allí me quedé con mi hermano.
PREGUNTA:
- ¿Qué pasó después?
RESPUESTA:
- Nos instalamos allí hasta que nació mi hijo. Para entonces ya había cumplido la mayoría de edad y desde el albergue me consiguieron un trabajo y un apartamento para vivir los tres. Me ayudaron con el tema de la custodia de mi hermano, me ayudaron mucho.
PREGUNTA:
- ¿Nunca sentiste remordimientos por lo que habías hecho?
RESPUESTA:
- No. Creía que era lo que tenía que hacer. Mis... (piensa un momento. Intuyo que iba a decir hijos o hermanos)... niños tenían derecho a ser felices.
PREGUNTA:
- ¿Cómo te fueron las cosas a partir de entonces?
RESPUESTA:
- (Hondo suspiro) Ha sido la época más feliz de toda mi vida. Los pequeños se criaban de maravilla, y yo encontré a alguien maravilloso y me casé. Fue como un sueño de princesa. No sabía que se pudiera experimentar ese grado de felicidad.
PREGUNTA:
- ¿Le contaste a tu marido lo que te había pasado?
RESPUESTA:
- He dicho que me casé, no que tenga marido... No me gustan los hombres. Nunca me han gustado. Mi vida empezó el día que enterré a mis padres. Nunca le conté nada. Me inventé otra vida.
PREGUNTA:
- Entonces, si todo era tan maravilloso ¿por qué decidiste inculparte?
RESPUESTA:
- (Mira hacia el suelo y reflexiona unos segundos... llora). Porque cuando conocí lo que era la verdadera felicidad, empecé a darme cuenta de que lo que hice no estuvo bien. Que nadie es quién para arrancarle la vida a un semejante... No me arrepiento todavía porque los odio por todo lo que me hicieron, pero sé que hice mal y tenía que pagar para poder perdonarme.
PREGUNTA:
- ¿Crees que lograrás perdonarte?
RESPUESTA:
- No lo sé, pero por una vez en la vida tengo la seguridad de que todo está donde tiene que estar. Y de que esta vez sí, estoy haciendo lo que tengo que hacer.
PREGUNTA:
- ¿Qué opina tu mujer de que te hayas entregado?
RESPUESTA:
- No lo sabe (llorando). Cree que estoy trabajando fuera.
PREGUNTA:
-¿Piensas decírselo?
RESPUESTA:
- No quiero perderla (es la primera vez que veo ternura en su mirada...) no sabría por dónde empezar... pero supongo que tendré que hacerlo antes o después... ¡joder!, no quiero perderla...(llora desconsolada. Esto ya empieza a ser mucho para mí).
PREGUNTA:
- Me cuesta preguntarte esto...(asiente con la cabeza).¿Te consideras una enferma mental?
RESPUESTA:
- (Piensa durante unos segundos, mira hacia el suelo y después a mí) Sólo me considero una simple desgraciada (ahora parece ausente).
PREGUNTA:
- ¿Has pensado alguna vez en quitarte la vida?
RESPUESTA:
- Cada día... (llora). Pero creo que todos se sentirán mejor si pago mi pena hasta el final. Supongo que se lo debo... Quiero a mi familia. Quiero hacer las cosas bien...
                                      
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Aquí terminamos la entrevista. Ella se despide con un "hasta pronto" y yo me quedo con la sensación de que realmente la vida a veces es muy injusta.
No me avergüenza confesar que le he cogido cariño a esta ase... persona...  Al fin y al cabo todos somos personas.
Mis sentimientos están encontrados, y mi sentido de la justicia también.