SOLILOQIOS DE UNA BEASTRUZ PERDIDA EN TERRANOVA

jueves, 7 de mayo de 2015

EL PRECIO DEL ODIO

... Y todos los genios malignos del mundo se concentraron dentro de mí. Quería explotar y que mi onda expansiva se lo llevara por delante.
Siempre pensé que en una convivencia de años, podría soportar un desliz sin que la relación se resintiera demasiado. Pero también le avisé de que no soportaría una mentira. Cuestión de confianza.
No obstante hizo las dos cosas a la vez :  engañó y además mintió.
Después de ponerme como una loca y mandarlo de vuelta al coño de su madre (con perdón, la ira es lo que tiene), arrojé todas sus pertenencias por la ventana : de una en una ... , de dos en dos ... ropa, ordenador y electrodomésticos que eran míos pero me dio igual, me sentí algo aliviada.
Pero los demonios seguían clamando venganza ... Se me ocurrió hasta atarlo  a la cama y hacerle tortura china para después arrancarle la piel a tiras con una pinza de las cejas.
Pero como tiendo a ser pacifista, decidí respirar hondo y limitarme a traspasar con varias agujas un muñeco de vudú parecido al innombrable.
Pasados unos minutos me dí cuenta de que estaba en su casa, o sea que encima la que se tenía que ir era yo.
Pero las cosas no podían quedar así. Así que medité durante quince segundos y pasé a la acción : primero escogí el muro exterior más visible de la casa, para a continuación adentrarme en el garaje y coger todos los botes con restos de pintura, alguna brocha y un rodillo.
Y empezo la sinfonía de color: ¡ imbécil!, brochazo. ¡Gilipollas!, chorreón. ¡Tontolculo!, rodillazo ... 
La verdad es que fue emocionante y me lo estaba pasando tan bien que cuando se me acabo la imaginación insultante,  pringué toda la melena en pintura multicolor y la usé a modo de pincel. Qué tonta. 
La pared quedó hecha un asco, sí, pero yo medio calva y tan pegajosa que me costó un mes de exfoliación diaria borrar de mi cuerpo cualquier prueba del delito.
Pero por fín había consumido ... o consumado (no sé), mi venganza. Sólo quedaba esperar.
Pasé una semana sin noticias suyas, hasta que me llamó para darme las gracias. - Gracias?, ¿gracias porqué? - le pregunté intrigada ...
- Porque el día que pintaste el muro después de tirarlo todo por la ventana, dio la casualidad que el coche del "guguel maps" pasaba haciendo fotos delante de la casa. Y las sacó justo cuando terminaste.
Esta mañana se ha puesto en contacto conmigo el responsable de compras del museo de arte contemporáneo de Berlín, para hacerme una oferta por el muro y todo lo que tiraste. Asi que gracias, porque con ese dinero me compraré una casa en la playa y por fín dejaré esta que tanto me recuerda a tí. De verdad, tía, eres la caña. Gracias, gracias, gracias . -
 ... Desde entonces sigo en modo automático . Ni siquiera sé cómo he podido escribir esto.