SOLILOQIOS DE UNA BEASTRUZ PERDIDA EN TERRANOVA

domingo, 17 de abril de 2016

AUTOTERAPIA ANTITRAUMA


Autoterapia antitrauma


Bea Gurutzarri <beagurutzarri@gmail.com>

28 ene.



Intentar sacar una sonrisa o  un atisbo de humor en una situación como esta es el reto que se me ocurre para seguir con mi existencia medianamente en condiciones. Sé que es pronto, pero en medio de este cataclismo sentimental que me embarga voy a intentar abstraerme y hacer como si no fuera yo la afectada, para resaltar ciertas situaciones que se dan en estos casos donde la risa y el llanto se encuentran ante una situación tan traumática como inesperada. 
Y paso a relatar: Entraba en el tanatorio acongojada perdida, pensando abstraída si ver al cuerpo presente o no. Como me dicen que está guapo, voy y lo veo. Si. Parece que duerme tranquilo. Pero hete aquí, que alguna que otra de las afectadas que andaban por ahí en ese momento, insinúa que le han puesto el cogote muy para abajo, y que no está nada  natural y piensa en ir a solicitar que lo recompongan. Pero antes de efectuar la petición, oigo una voz de fondo que comenta que la postura esa antinatural de morrosco en celo puede ser debida a que "le hayan rajao desde aquí "(señalando el borde de la barbilla).
Lo que al final resulta ser cierto.
 -  ¿Y tú ... de quién eres? -
Por no hablar de la plantica de maría, que desde el sitio estratégico que ocupaba yo en ese preciso instante, parecía que le salía mismamente de los huevos.
Acto seguido una de mis hermanas observa en el finado dos extraños bultos que le salen de la frente y que antes no tenía. Le digo que es el reflejo de los focos , la otra entre lágrimas "que no, y que no. Que esos bultos antes no los tenía".
Y de pronto escucho de nuevo una voz como en off, que nos da la explicación del porqué de los chichones: - Es que a veces les trepanan el cerebro por detrás y por eso ... -
Hasta ahí bien.
Jo ... y llegamos al cementerio. Al lado del hueco infame. Alta tensión. Y cuando acaba de hablar el capellán comienzan a deslizar suavemente la caja en el agujero, y va, y se encasqueta. Qué situación. El pobre operario sudando tinta para convertir el metro ochenta estándar del hoyo en metro noventa y cinco en tiempo récord. Siempre tuvo algo de mosca cojonera.  Bueeeeeenoo , segunda parte del sofocón superada.
Y como colofón la ültima parte. Todos ya cansaos de tanta emoción, asitimos al último adiós por el rito  cristiano en la iglesia del barrio.  Y mira que entraba yo sensible, oye, pero entre la pantalla gigante del karaoke, las de atrás que se estaban poniendo al día de las cortinas nuevas de la cocina de la maripili  y los últimos muertos del mes, los coros despistaos y el cura que empezó hablando del espacio y no sé dónde acabó, consiguieron dejarme totalmente insensible.
Bueno, sólo hasta que el buen señor se puso a hablar del juicio final y el caldero ardiente con llamas crepitosas en el que se iban a freír todos los malos (o cocer, no me quedó muy claro).  Ahí me dió un acojone espeluznante.
Y por fín , suena la canción de Silvio y el frío se vuelve calor, emoción, abrazo y llanto.
Cuando volvía para casa una vecina se acerca a darme el pésame, para concluir con una profunda reflexión: "qué le vamos a hacer, chica, la vida es así: el muerto al hoyo y el vivo al bollo. La cosa no tiene vuelta de hoja".
Pues eso.  Que cuando me toque a mí, me ponéis la nariz de payasa (una que haga juego), y sobre todo que no me trepanen nada, no sea que no esté muerta del todo y me dejen más irreversible.
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