SOLILOQIOS DE UNA BEASTRUZ PERDIDA EN TERRANOVA

lunes, 6 de marzo de 2017

LA CONCLUSIÓN INCONCLUSA ( y no es un trabalenguas)

Al principio pensé ( sin pensar) que había nacido en el planeta equivocado.
Luego, cuando empecé a usar la razón, me convencí de que no era el planeta donde estaba el fallo, sino en la familia. Definitivamente ser la pequeña en una familia de once, entre ellos siete ruidosos músicos y un abuelo sordo, era el sitio perfectamente equivocado para mí.
Ya en la pubertad tardía decidí que no. Que ni planeta, ni familia, ni leches.
Lo que tenía equivocado era el cuerpo. Si.
Debería haber sido chico. Como mis hermanos.
Luego ya me fui acostumbrando al cuerpo a trancas y barrancas, hasta que conseguí gustarme mogollón.( Qué tiempos aquellos)
... Entonces y sólo entonces, me di cuenta de que lo único que quedaba por estar equivocado era el cerebro.
Y nada, ... Por aquí andamos.
La hippy en el balcón, haciendo el saludo al sol, que no asoma ni por asomo.
La romántica, intentando escribir versos con pluma ( de paloma de la plaza) y sangre que se ha hecho pinchándose con un alfiler.
Mi alter friego, buscando las visitas del google más, que ya no salen.
El after ego, diciéndome que todavía me quedan dos lavadoras y sus correspondientes tendidas, que parece que no tengo entendederas.
Y mira que le he dicho mil veces que están en el balcón, colgadas de lao a lao.
Y la madre, loca, viendo churretones por todos los azulejos.
Yo no sé, pero aquí no hay quien se entienda.
Voy a preguntar a la viajera si quiere llevarme con ella, y así las despisto a todas un rato.
Como me diga que no, me dejo crecer otra vez las venas. Lo juro.