SOLILOQIOS DE UNA BEASTRUZ PERDIDA EN TERRANOVA

viernes, 22 de julio de 2016

CULTIVANDO SONRISAS

Si hay algo por lo que agradezco haber llegado hasta aquí, es por haber podido experimentar el placer de haber aprendido a seleccionar semillas de sonrisa, plantarlas y recolectarlas.
La recogida puede ser más o menos buena.
A veces solo son media mueca, otras sonrisa , otras risa tonta, y lo más difícil: la carcajada.
Para conseguir una carcajada, hay que poner en juego varios factores que no recuerdo muy bien. Pero seguro que son más de uno.
El factor sorpresa es indispensable. La sorpresa puede ser propia o ajena. A poder ser la segunda, porque estamos más acostumbrados a reírnos de los demás que de nosotros. Además, se da la curiosidad de que, por ejemplo te hace mucha gracia que le peguen con loctite los dedos a los pezones a tu compañero de piso, es más... Te partes la caja cuando se despierta y se da cuenta que le han pegado el pulgar y el índice en vez del corazón, y no se lo cree y estira y... Si. Es verdad!!
Sin embargo semanas después te lo hacen a ti, y ya no es lo mismo...
Precisamente porque falla el factor sorpresa.
Otro aspecto que añadir a la incredulidad inicial es el surrealismo.
Crear una situación del todo increíble, como que el muerto se despierte en mitad del velatorio de un vecino, o que vayas a echar la basura y te salga un payaso con una flor del contenedor gritando que tengas un buen día, o que vayas a por leche a la nevera y casi te cortes la yugular con un cordón invisible que está a veinte centímetros de la puerta de la cocina.
Claro que en estas ocasiones hay que medir bien el en infarto inicial. Digo el impacto, porque lo mismo puedes provocar una carcajada que un paralís.
Y luego están las situaciones que a uno le resultan deprimentes por lo ridículas y sin embargo, vistas desde fuera son graciosas a más no poder.
Sobre todo si tienen que ver con fuerzas irreprimibles de la naturaleza propias o ajenas como tirarse un pedo ( a poder ser sonoro) en el autobús o resbalarse en el hielo justo cuando ibas a hacer un doble Axel delante de tu novia para lucirte.
O cuando te pillas carne con la bragueta.
O vas a mear y no se te ocurre levantar la tapa porque siempre está abierta.
En fin... Podría seguir, pero no me da mucho la gana.
Al final lo mejor de todo es que aunque de todas las semillas que planto sólo una de sus frutos, me siento tremendamente satisfecha.
Porque no hay nada más gratificante en este mundo, que disfrutar de una sonrisa propia o ajena o mutua o general.
Bueno si.
Pero no son horas...
Que tengo jaqueca y estoy muy cansada todo el día con los niños p' arriba y p' abajo y tú qué.
Apaga la luz.