SOLILOQIOS DE UNA BEASTRUZ PERDIDA EN TERRANOVA

lunes, 25 de julio de 2016

VERGELES

Hoy he estado regando a unas cuantas de nuestras hermanicas plantas de par de mañana.
Es una actividad que me proporciona un estado de bienestar parecido a un pequeño éxtasis.
Y mientras veía las goticas brillantes resbalando por ellas, acariciándolas y dándoles vida, me he dado cuenta de que son los seres vivos más sufridos del mundo.
El ser humano no podía vivir siempre en la intemperie, básicamente porque hay intemperies que se las traen, bastante difíciles de soportar.
Así que decidió encajonarse entre paredes y techos como protección ante las caprichosas inclemencias del tiempo que por otro lado era uniformemente variable. Como siempre.
Iban siguiendo a los animales para cazarlos, y ellos a su vez iban siguiendo el crecimiento de los pastos.
Y ahí estaban los humildes pastos, sirviendo de alimento base para dar vida a todos los demás.
Claro, todos querían la mejor parcela en los mejores terrenos, y así se fueron amontonando en casas de ladrillo.
Cuando las terminaron había mucho menos pasto, porque parte del terreno
donde se hallaba se tuvo que utilizar para construir . A ver dónde se iba a meter la gente si no!...
Y ahí estaban, cada uno en su casa de ladrillos, sintiendo que les faltaba algo importante y que habían hecho un poco el gilipollas, porque ahora tenían que salir para poder trabajar y sacar dinero para comprar lo que antes regalaba la tierra ahora yerma.
Así que se les ocurrió la brillante idea de encajonar a la naturaleza para llevársela a casa, igual que habían hecho no hace mucho con ellos mismos.
Pensaron que sería una buena forma de restaurar el equilibrio natural que habían ido perdiendo al erigirse el más inteligente de los seres vivos.
Capturaron pájaros y peces y los encerraron en jaulas y peceras. Capturaron perros y gatos. Elefantes, tigres ...Todo lo encajonaron.
Las plantas no iban a ser menos, así que inventaron las macetas y pusieron allí sus semillas para así deleitarse los sentidos con sus colores formas tactos aromas y sabores.
Y ahí están ellas. Donde las pongas. Viendo la vida siempre desde la misma perspectiva y adaptándose a su entorno para poder sobrevivir.
Sin quejarse, sin hablar, pero transmitiendo esa energía mágica y poderosa que tenemos todos los seres vivos.
Están diseñadas para servir incansablemente sin quejarse. Para morir por el beneficio general.
Son dignas, bellas, respetables y totalmente indefensas.
Y muchos animales, incluidos unos seres que parecen humanos se las comen sin ningún miramiento. Sin ningún respeto.
Como si fuera carne de cerdo o de ternera.
Así que después de mucho cavilar sobre cómo será mi alimentación a partir de ahora, he decidido alimentarme del aire durante un tiempo. A ver que pasa.
Y como le de a todo el mundo por copiarme, seguro que me da algo. Así que procuraré hacerlo de forma discreta.
Igual hasta tengo suerte y adelgazo tanto que viene el viento y me pasa como a Maria Sarmiento.
Qué gozada sería.