SOLILOQIOS DE UNA BEASTRUZ PERDIDA EN TERRANOVA

lunes, 5 de junio de 2017

DEL PLACER AGRIDULCE DE METER LA PATA

Lenta como tortuga, voy deambulando
desde hace unos días y tengo pensamientos de caracol. 
Lo que antes andaba en cinco minutos, ahora me cuesta veinte. 
Y todo parece que va muy deprisa.
Los coches, las bicis, las gentes, la vida.
Qué estrés.
Al principio es molesto, a nadie le suele gustar ir en última posición y ver contínuamente cómo todo el mundo llega al objetivo de turno antes que tú.
Pero por otro lado, a alguien le tiene que tocar.
Es pensar eso, y de pronto le encuentro el encanto a esto de andar y pensar a cámara lenta.
Me doy cuenta de que cuanto más despacio voy, más tranquila me siento.
Y da tiempo a pensar más detenidamente también.
La gente me mira como con entre extrañeza y pena.
Me preguntan que pasó, les digo que he metido la pata y sonríen.
No es que mole mucho esto de andar así mucho tiempo, porque imagino que si la cosa se convierte en indefinida, una acabaría como en un universo paralelo.
Pero así, unos días te da tiempo a ver y pensar cosas que con las prisas se difuminsn en el aire.
También tienes más tiempo de leer, pero no tienes muchas ganas, la verdad.
Porque leyendo lento, también los relatos se hacen mucho más largos...
Tampoco tendría porqué leer despacio.
Pero cuando me pongo, me pongo.
Ahora, eso sí .
Una y no más, Santo Tomás.
Como experiencia semi traumática placentera, no tiene desperdicio, pero la próxima vez, meteré la pata como siempre, como de costumbre.
No deforme literal.