SOLILOQIOS DE UNA BEASTRUZ PERDIDA EN TERRANOVA

lunes, 5 de junio de 2017

LA HUELLA DEL GATO T. Y A.


Iba por ahí, vagando hacia ninguna parte, cuando me he cruzado con el gato que estaba tan triste y azul en aquella canción.
Teñido de verde y supercontento.
Lo he reconocido al primer maullido, cuando sin querer le he pisado el rabo.
 Después de pedirle disculpas, le ha emocionado tanto sentir que alguien lo relacionara con el famoso brasileño, que me ha contado su verdadera historia después de degustar una lata de atún con "abrefácil" imposible de abrir, que gracias a mi navaja multiusos, ha podido por fin meterse entre pecho y espalda.
Después se ha lamido y relamido, y ya panza arriba, me ha confesado que sólo le tiñeron de azul para la canción y que de triste nada, que sólo tiene la mirada desvaída por herencia genética.
Y encima el tío que cantaba no había pasado ni del primer curso de interpretación de maullidos.
Vamos, que todo lo que cantaba que decía el gato, pura falacia y ganas de figurar...
Y además no le pagaron y fue el "hazme reír" de su barrio durante mucho tiempo, porque el azul cobalto que le pusieron, no quedaba nada natural.
Me he quedado helada.
Le he dao una palmada en el hombro izquierdo, le he dicho que no somos nadie, y me he alejado sin mirar atrás.
Bueno, en realidad he mirado con el rabillo del ojo, y creo que estaba muerto.
No sé si por la palmada, por el reconocimiento o simplemente porque ya le tocaba cambiar de vida, que para eso tienen tantas...
Desde entonces sigo errando, si.
 Pero con una especie de tristeza verde azulada, que no se la deseo a tres o cuatro como mucho.
Un sinvivir, vaya...