SOLILOQIOS DE UNA BEASTRUZ PERDIDA EN TERRANOVA

lunes, 22 de febrero de 2016

EL ÁRBOL MÁS GRANDE

Imposible transmitir la sensación exacta que me produjo aquel paraíso verde, húmedo y salvaje. Ante mis ojos cantidades ingentes de agua desesperada resbalaban chocando contra las rocas redondeadas y cayendo sobre escalones naturales descendentes que desembocaban en una pequeña laguna de aguas cristalinas llenas de pececillos y ranas cantoras. Haciendo un espectáculo con esa masa casi gaseosa resultado del choque, mezclada en danza visible con el reflejo de miles de arcoíris simultáneos inquietos y etéreos surgidos de un tímido rayo de sol que cruza la charca iluminando la entrada de una pequeña gruta.
Verde y más verde. Brotes nuevos mezclados con árboles que ya estaban ahí antes de que nacieran mis tatarabuelos.
Hojas. Enormes y minúsculas, lanceoladas unas y grandes y carnosas otras.
Pájaros de colores. Un deleite para la vista y un caos para mis oídos que no reconocen el idioma de ninguno.
Unos cantan largo y cadencioso. Otros como en morse. Juraría que también oigo monos. Pero no los veo. Y con esta ensalada semántica auditiva en mi cerebro, casi prefiero disfrutar y no pensar.
Incluso este alacrán o lo que sea que me mira amenazante con su gancho aguijón preparado me parece que no podría faltar en un paisaje como este. Que no sería completo sin él. Le pido disculpas por haber invadido su territorio y me voy algo más allá.
En otro tiempo no hubiera dudado en asustarme primero y matarlo de un pisotón o de cualquier otra forma. Nadie le hubiera librado de un aplastamiento seguro.
Y me doy cuenta de que ya no tengo miedo porque al fin me siento en paz. Bueno casi. Me falta hacerme amiga de estos putos mosquitos patudos que me están chupando la sangre.
O encontrar una planta desagradable para ellos con la que pueda frotarme y así ahuyentarlos definitivamente.
Mientras tanto, haré como que no tengo unas ganas locas de matarlos y de rascarme, y seguiré disfrutando de este regalo que nunca imaginé que pudiera llegar algún día.
Siento ahora mismo cómo mi cuerpo, mi espíritu, mi cerebro y todos mis sentidos están en perfecta armonía.
A pesar del griterío, los alacranes o lo que sean y los mosquitos.
Busco con la vista el árbol más grande. Voy, y me abrazo a él un rato.
Si esto no es felicidad, debe ser algo muy parecido.
Joder! Hormigas carnívoras? ...
Gracias.Gracias. Graci
as.