SOLILOQIOS DE UNA BEASTRUZ PERDIDA EN TERRANOVA

lunes, 22 de febrero de 2016

ESCLAVOS

Era un jefe implacable. Mientras él no estaba en la oficina se respiraba un ambiente distendido, pero en cuanto aquel corpachón embutido en el traje de Armani asomaba por la puerta podía cortarse el aire. Aquella mañana le tocó el turno a Justin. Lo llamó a su despacho nada más entrar con aquella voz de barítono temible.
Sólo alcanzamos a escuchar claramente un grito que incluía las palabras "estás despedido inútil".
Nunca le tembló el pulso para echar a nadie ni para nada.
Supongo que era porque su padre era un militar recto y austero en todos los aspectos que les había dado una educación cuartelaria.
Salió agotado de la oficina y sintiéndose muy solo. Tenía posición, tenia poder (de hecho, acababa de despedir a Justin), y más dinero del que podía gastar.
Avanzó unos doscientos metros en linea recta por el boulevard que recorría la playa de punta a punta.
En cuestión de unos diez minutos llegó hasta la puerta de una mansión señorial desde cuyo jardín se podía divisar el puerto con sus grandes yates amarrados en el muelle.
Llamó al timbre y un mayordomo impecablemente vestido le abrió la puerta.
- Bienvenido señor, permítame su chaqueta. Mi ama bajará enseguida.-
Acto seguido apareció en lo alto de aquella regia escalera una mujer despampanante enteramente vestida de negro con unos tacones de vértigo. Bajaba por ella como si fuera una diosa. Sin prisa. Como si sus pies no tocaran el suelo.
Cuando estuvo a su misma altura y sin mediar palabra le estampó un bofetón con tanta fuerza que dejó cada dedo de la mano marcado en su rechoncha cara.
- Arrodíllate, imbécil! Y no vuelvas a atreverte a mirarme a los ojos o ya sabes lo que te espera,- le espetó mientras desde atrás elevaba su pierna y apoyaba la punta del kilométrico tacón justo en centro de su espalda.