SOLILOQIOS DE UNA BEASTRUZ PERDIDA EN TERRANOVA

lunes, 22 de febrero de 2016

LA VERDADERA HISTORIA DE SAN VALENTÍN

San Valentín era herrero y se hizo famoso por ser un experto especialista en descerrajar cinturones de castidad.
Cierto es que por hacerlo cobraba lo que no está escrito, y aunque no era el único que en sus horas de asueto se dedica a a estos menesteres, sí era el único que después de dejar la zona bien limpia y rasurada no cobraba también en especie.
Era realmente pulcro y meticuloso en su trabajo, nada fácil por cierto.

Y eso producía una extraña reacción en las damas que se quejaban de extraños ardores en la zona hasta unos días después de haberse ido él por la vereda que daba al río.
Luego ya se daban cuenta de lo que les pasaba y unas iban a confesarse y otras hacían lo propio. Según su origen dinástico.
En realidad se llamaba Tiburcio, pero como no es un nombre muy romántico que se diga dieron en llamarle sólo Valentín. Y es que el pobre no era muy valiente, no. Era ver un hombre y empezar a temblarle las piernas.
Lo que no sabían es que era gay pero no se lo decía a nadie para que no le pegaran ni le mataran.
Y Claro, el clero supercontento siempre dispuesto a dar consuelo todas esas pobres damas viudas y no, decidió por unanimidad hacerlo santo. Total, uno más uno menos...
Luego, mucho más tarde, llegó el corte anglosajón que decidió sacarlo del santoral y convertir los cinturones de castidad en perfumes para ellas y corbatas para ellos.
Y así fue como Valentín hecho santo resucitó de entre los muermos convertido en reclamo comercial.
Vivir para ver. Ver para creer. Creer o no creer.
He ahí el Dilaila
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